Sos el visitante N°

viernes, 6 de abril de 2012

La marca dejada en cada paso (por Maxi el Sollicitus Cabrera)

Los surcos sobre la arena. Paredes de húmedas piedras que no dejan pasar la luz. El aroma que penetra es del aceite quemándose en la antorchas. Luego de la curva, el primer haz de luz. Crujen las cadenas que elevan la reja. El resplandor de un sol de primavera enceguece los ojos. El calor del desierto no entiende de estaciones. Al sonido del taconeo de las botas, se suman relinchos de caballos. Las huellas quedan marcadas sobre la arena caliente. Los insultos y vejaciones acompañan desde antes de partir. Se suman los primeros murmullos. Los curiosos envueltos en túnicas comienzan a acercarse. El polvo cubre las heridas ante cada caída. El agitar incesante del látigo amedrenta. La cuesta que comienza a pronunciarse hace perder el resto de las fuerzas. Carga con los males de todos. Pocos se compadecen. El camino se encierra entre muros y personas. Los más curiosos cuelgan de los árboles como frutos. El camino se hace ríspido. Las piedras comienzan a dejar marcas en las plantas de los pies que apenas se pueden arrastrar. El madero ahora se abre paso por entre el pedregullo. El final del camino es de roca sólida. Desde lo alto y con su corona de espina se siente satisfecho de la marca dejada en cada paso.


No hay comentarios:

Publicar un comentario